Hablemos de Mastitis

Joaquina

¿QUÉ ES LA MASTITIS BOVINA?

La mastitis se define como la inflamación de la glándula mamaria caracterizada por un aumento en el recuento de células somáticas (RCS) en la leche y por cambios patológicos en los tejidos mamarios (International Dairy Federation, 1987). Esta reacción inflamatoria ocurre como consecuencia de la respuesta de los tejidos a lesiones traumáticas, a sustancias irritantes o la presencia de agentes infecciosos y sus toxinas que han logrado colonizar el tejido secretor. Su impacto se ve reflejado en la producción animal, bienestar y la calidad de la leche producida (Hillerton y Berry, 2005).

Es la más costosa de las enfermedades infecciosas endémicas que afecta a las vacas y otras especies lecheras.

 

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES FACTORES DE RIESGO DE MASTITIS EN NUESTRAS VACAS?

En porcentajes se consideran los siguientes factores como responsables de mastitis: 47% manejo, 25% alojamiento y ambiente, 20% genética y 6% máquina de ordeño.

En el límite entre el canal del pezón y la cisterna de este se encuentra la roseta de Füstemberg, esta forma una barrera física y también gracias a la queratinización del epitelio permite formar una capa lactosada que es bactericida. Este tapón de queratina se elimina en cada ordeñe pero reaparece 2 a 3 horas postordeñe (Wolter y coL, 2004); el esfínter del pezón también permanece abierto por 1 a 2 horas después del ordeñe, estos factores aumentan la probabilidad de infecciones porque facilitan el ingreso de agentes patógenos a la glándula mamaria.

Durante el ordeñe el pezón se expone al contacto con bacterias, ya sea por suciedad o humedad, lesiones provocadas por traumatismos en el pezón, también mala higiene de los equipos de ordeñe y erróneos procedimientos a la preparación de la vaca. Problemas en el ordeñe mismo, por ejemplo, pérdidas de vacío porque resbalan pezoneras, fluctuaciones de vacío por ineficaz funcionamiento de la máquina de ordeñe, al igual que incorrecta alineación de pezoneras o pezoneras en mal estado pueden provocar que el colector impulse la leche con alta fuerza de impacto hacia el pezón, haciendo entrar agentes bacterianos al canal del pezón. Cuando ocurre la invasión por bacterias, en los vasos sanguíneos aumentan el número de granulocitos, y como consecuencia aumentan en la leche los recuentos de células somáticas (RCS).

 

¿CUÁLES SON LOS AGENTES INFECCIOSOS MÁS ENCONTRADOS?

De forma más práctica, los agentes infecciosos se puede subdividir en dos categorías:

  • CONTAGIOSOS: Estos microorganismos presentan como característica en común la habilidad de colonizar y crecer en la piel de la ubre y dentro del canal del pezón (Saran A. y Chaffer M., 2000). Los animales sanos se exponen a los patógenos presentes en la leche provenientes de aquellos infectados, la cual se presenta en las unidades de ordeño, en los utensilios que se utilicen en la rutina de ordeño o en la mano de ordeñadores (Zambrano, 2017). 

Dentro de los patógenos contagiosos se incluyen Streptococcus agalactiae (Str. agalactiae) y Staphylococcus aureus (S. aureus), Streptococcus dysgalactiae (Str. dysgalactiae), Mycoplasma spp y Corynebacterium bovis (C. bovis). 

  • AMBIENTALES: Estos son transmitidos a la vaca en los intervalos entre ordeñe, o sea fuera de la sala.  En estos casos los factores de riesgo se asocian con situaciones medioambientales como la excesiva humedad, el encharcamiento de potreros, la contaminación de origen fecal en los sitios de aglomeración: potreros, encierros o plazas de comida, estos lugares son principales reservorio de los microorganismos.

Los microorganismos que componen este grupo son principalmente de tipo coliforme como la Escherichia coli (E. coli), algunas especies de Klebsiella spp y algunos Streptococcus ambientales, como Streptococcus uberis (Str. Uberis) y el Streptoccocus dysgalactiae (Str. Dysgalactiae).

 

Como todas las enfermedades lo más importante es la ¡PREVENCIÓN! Ahí es donde tenemos que trabajar.

 

QUE DEBEMOS TENER EN CUENTA PARA PREVENIR Y CONTROLAR LA MASTITIS:

  • Realizar chequeos y mantenimiento de la máquina de ordeñe. 
  • Llevar a cabo una correcta rutina de ordeñe. Entrenamiento del personal.
  • Evitar estrés. Vaca feliz = vaca con más inmunidad y más leche.
  • Evaluación del estado de salud de la ubre en el rodeo. Detección temprana de nuevos casos, evaluación de vacas crónicas.
  • Determinar cuál es el agente microbiano que ocasiona las mastitis.
  • Seleccionar el tratamiento adecuado. Evaluar su eficacia 
  • Proveer un ambiente que permita a las vacas permanecer  limpias entre ordeñes. 
  • Realizar secados de vacas de forma correcta.

 

MANTENER UN RODEO SANO NOS ASEGURA:

  • Bienestar animal, la mastitis es una de las enfermedades más dolorosas para las vacas.
  • Menor uso de antibióticos y con ello evitamos la resistencia de antimicrobianos.
  • Seguridad alimentaria, tenemos menos chances de generar residuos en la leche, produciendo un alimento inocuo.
  • Mayor retribución económica, ya sea por bonificaciones, por menor descarte de leche y por menor dinero invertido en medicamentos.

 

Referencias:

  • Gianneechini R, Parietti 1, De María P. (2002). Evaluación de pérdidas
    económicas relacionadas a mastitis para establecimientos lecheros en Uruguay. INIA
    Jornada de Lecheria. N°287, pp. 30-35.
  • Hillerton J, Berry E. (2005). Treating mastitis in the cow- a tradition or an
    archaism. J Appl Microbiol. 98: 1250-1255.
  • International Dairy Federation. (1987). Bovine mastitis: Definition and guidelines
    for diagnosis. Bulletin No. 211/1987, 24 p.
  • Philpot, N. (2001). Importancia de la cuenta de células somáticas y los factores
    que la afectan. 111 Congreso Nacional de control de Mastitis y Calidad de la Leche.
    León Guanajuato, Mexico. 26 p.
  • Saran A, Chaffer M. (2000). Agentes causantes de Mastitis. En: Saran, A.,
    Chaffer, M. Mastitis y calidad de la leche. Buenos Aires, Intermédica, pp 11-26.
  • Wolter W, Castañeda H, Kloppert B, Zsch6ck M. (2004). Mastitis bovina.
    Prevención, diagnóstico y tratamiento. Zapopan, Universidad de Guadalajara, 146 p.
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